La via verde de la Demanda
| En un fugaz fin de semana nos desplazamos hasta Arlanzón (Burgos) para transitar por el trazado del antiguo ferrocaril minero. 120 kilómetros entre ida y vualta que transcurren entre hayedos, robledales y unas magníficas vistas de la Sierra de la Demanda, visitando sus pueblos. |
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Madrugamos el sábado para recorrer los 500 km. que nos
separaban de nuestro punto de partida. Desde Arlanzón arranca la vía verde de
la Sierra de la Demanda. que siguiendo el cauce del río Arlanzón nos acerca a
Monterrubio de la Demanda en 54 km. de naturaleza viva.
Sobre la una teníamos montadas y preparadas las bicicletas,
con las mochilas cargadas de viandas propias de la dieta mediterránea. Salimos
con algo de calor y observando como en el horizonte serrano poco a poco crecían
las nubes y se hacían cada vez más oscuras. No obstante los primeros kilómetros
fueron soleados, la vegetación no era demasiado abundante aunque preconizaban
lo que más adelante nos íbamos a encontrar. Muy pronto nuestro pedaleo se hizo
más confortable a la sobre de robles, pinos y hayas.
Tras una hora de pedaleo el estómago comenzó a llamar la
atención, por lo que decidimos parar al pie del primer túnel hundido y que
rebasaríamos a través de una dura rampa de unos 100 metros después de coger
fuerzas. Creo que cogimos demasiadas fuerzas ya que empujamos la bici para
superar dicha cota. Después una bajada más o menos continua nos acercó al
pantano de Arlanzón. Serpenteando por las laderas de los montes que lo
encajonan llegamos al puente que salva un brazo del pantano y que se ha convertido en verdadero símbolo de esta vía verde. Allí
observamos un fenómeno que nos llamó la atención; en un punto las aguas se
pusieron en ebullición liberando aire como si algo estuviera emergiendo, un
buzo, el monstruo del lago Ness, un gran pez, pensamos..., pero la razón de la
ciencia habló. Probablemente se trataba de una burbuja de metano que había
reventado en el fondo.
Continuamos siguiendo pantano arriba que poco a poco iba
descubriendo el verdadero cauce del río. Pronto el bosque desapareció dando
paso a unos prados preámbulo del pueblo de Pineda de la Sierra. Paramos en este
típico pueblo para tomarnos un cafecito, propio de las horas que nos
gastábamos.
Tras reposar un poco continuamos el pedalear, ahora muy
cerca del río convertido en un arroyo. Tan fresco y alto es este tramo que ha
pervivido una población de abedules que nos acompañará durante un par de
kilómetros.
El valle se estrecha cada vez más hasta quedar reducido
prácticamente al camino, eso significó que estábamos cerca del segundo túnel,
también hundido, que en tiempos superaba el puerto del Manquillo. Después de
curiosear por la fresca boca de túnel nos enfrentamos a la dura rampa que
ascendía hasta el puerto. El resultado fue que unos antes y otros después
echamos pié a tierra y empujamos la bici. No faltó la foto en el mismo puerto
para continuar descendiendo por una empinada y resbaladiza rampa por la cara
norte de la Sierra.
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Cruzamos la carretera para acercarnos a una zona en la que
existen robles centenarios y una fuente, siempre en descenso comenzó la vía a
serpentear entre trincheras de roca, en un momento ya se veía Barbadillo de
Herreros y al poco estábamos atravesando el tercer túnel, este practicable,
pero como suele ser habitual, con el sistema eléctrico inoperante, así que con
un faro iluminamos los 150 metros en curva repletos de excrementos frescos de
vaca. Dejamos muy cerca Barbadillo con el fin de acercarnos al final de la vía
verde que atraviesa un bosque de robles y arces y culmina en una agradable área
de descanso con mesas, fuente y un refugio.
De nuevo sacamos las viandas para merendar y coger la
fuerzas suficientes para llegar a Monterrubio de la Demanda, tomar la carretera
y en 5 km. llegar a Barbadillo, lugar donde íbamos a pernoctar. Como septiembre
es un mes festivo por excelencia coincidió que eran fiestas en el pueblo así
que tuvimos mucho ambiente, siendo amenizado nuestro descanso con el sonido de
la orquesta y discos variados hasta que prácticamente nos levantamos.
Por la mañana los restos de los festivos lugareños se
recogían mientras nosotros emprendíamos el camino de regreso. Nos quedaban 10
km. de suave pero constante ascensión hacia el Manquillo. A mitad de trayecto
decidimos acercarnos a Riocavado pese a la dura rampa de vuelta pero mereció la
pena.
Casi sin darnos cuenta estábamos al pie de la cara norte del
puerto, esta vez, algunos conseguimos subir sin desmontar. La bajada de la
rampa era realmente peligrosa, la rueda se bloqueaba produciendo en
consiguiente derrape. De nuevo al pie de la cara sur del Manquillo optamos por
un aperitivo en aras de tomar una cerveza en Pineda. La bajada hacia este
pueblo fue muy rápida y llegamos justo a la hora, una cervecita en la plaza, el
pueblo en fiesta con sus gentes engalanadas y unos dulzaineros dando ritmo.
Satisfecha nuestra sed decidimos continuar haciendo de un
tirón los 23 km. que nos quedaban para concluir en Arlanzón. En una hora
estábamos allí, eran las tres y media así que después de acabar con las
vituallas y tomar un café partimos de regreso.
La sensación final era que ese corto fin de semana había
sido muy intenso, parecía que hacía días que habíamos salido y desde luego el
recorrido por la vía verde compensó la distancia que separa Burgos de Ciudad
Real. Nos quedaron ganas de conocer esta vía verde en otoño, en invierno, en
primavera..., igual repetimos en otra ocasión.
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